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Opiáceos, el medicamento convirtió a Laura en adicta

Las ampolletas de nalbufina prescritas por un doctor lejos de resolver los dolores de cabeza de Laura le provocaron una dependencia de la que hoy lucha por salir con ayuda de la comunidad AA

  • SUSANA JIMÉNEZ
  • 01/03/2020
  • 21:15 hrs
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Opiáceos, el medicamento convirtió a Laura en adicta
Desde hace cuatro meses Laura asiste a un grupo de autoayuda (Foto: Especial)

PACHUCA.- El 14 de octubre del año pasado Laura citó en un café de Pachuca a su esposo y a su madre: estaba lista para aceptar su adicción a la nalbufina, un opiáceo que tres años antes había estado consumiendo sin control.

Recuerda con precisión esa noche: era lunes y antes de llamar a sus seres queridos había experimentado alucinaciones.

Laura dice que un neurocirujano le prescribió el fármaco para inhibir el intenso dolor que le ocasionaban un par de tumores cerebrales, aunque admite que “nunca” le ayudó con las neuralgias reconoce que lo siguió consumiendo porque experimentaba una sensación de plenitud absoluta.

Es muy placentero… Si tienes una preocupación muy grande, al momento de que el opioide ingresa a tu sistema, te da un estado de relajación, de bienestar, no pasa nada, todo está bien, te sientes exageradamente tranquila”.

La nalbufina junto a sustancias como la metadona, morfina y oxicodona forma parte del Grupo 1 del Catálogo de Medicamentos de la Secretaría de Salud federal.

El documento expedido por gobierno federal refiere que es un fármaco analgésico perteneciente a la familia de los opiáceos recetado para tratar dolor moderado a severo; entre los efectos adversos se enlistan inestabilidad emocional, sedación, cefalea, depresión respiratoria, entre otras.

El especialista que en 2017 atendió a Laura en la Ciudad de México le recetó una inyección cada 12 horas, pero al transcurrir los meses, el organismo de la mujer de 31 años se fue acostumbrando a la sustancia; a la par que disminuyó la sensación de placer incrementó la necesidad de consumo: pasó de dos inyecciones en 24 horas a cinco o más.

Llegó un punto en el que no hacía tanto efecto, ya no era lo mismo, mi cuerpo ya no lo sentía, pero era la dependencia de hacerlo; al principio una ampolleta me hacía efecto de cuatro a seis horas, pero al pasar el tiempo ya solo la sentía de 10 a 15 minutos y quería más”.

La adicción fue invadiendo silenciosamente cada uno de los aspectos de la vida de Laura. Cambió su trabajo como enfermera en un hospital por la reclusión en un cuarto oscuro de puertas y ventanas cerradas, las citas con su esposo por largas jornadas de siestas diurnas, convivir con su familia por noches en vela picándose las venas.

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Muy dentro de mi sabía que había perdido completamente el control, pero me vendí la idea de que el consumo era necesario y que como yo estaba enferma lo necesitaba, no acepté mi adicción, siempre me justifiqué con los tumores”.

LA RUTA DE LA ADICCIÓN

A diferencia de otros adictos, Laura nunca tuvo que comprar la nalbufina en el mercado negro porque tenía recetas y para costear los 600 pesos de una caja con seis ampolletas, manipulaba a su familia con la enfermedad.

Arrastré a mi esposo en esto. Comencé a ser chantajista, le decía: 'entiéndeme, yo estoy enferma, yo lo necesito, no es que lo quiera', y él cedía en su afán de ayudarme”.

A principios de 2019 Laura fue internada en un hospital privado de Pachuca con síndrome de abstinencia, luego de que cambió la nalbufina por metadona, sustancia activa de las metanfetaminas. Además de altamente adictiva es costosa, un gotero tiene un precio comercial de aproximadamente 4 mil pesos.

“Estando en el hospital tuve que aceptar que era adicta, tuve un tratamiento, pero cuando me dieron de alta lo primero que hice fue inyectarme, no lo dejé; por el contrario, a mediados del año pasado combinaba las inyecciones de nalbufina con la metadona”.

La muerte en vida, así describe Laura lo que sentía cuando se acababan las “medicinas”.

Tienes comezón en la cabeza, en el cuero cabelludo, en la espalda, en todo el cuerpo, es tanta la comezón que hasta te llegas a rasgar la piel. Como no dejas de temblar tienes sudoración excesiva, pero es un sudor helado, no puedes dormir, te duele el pecho, te duele el cuerpo".


Para septiembre de 2019 Laura ingresó de emergencia a un nosocomio con un paro cardiorrespiratorio. Había perdido más de 20 kilos y tenía marcas de pinchazos en el cuerpo, pero la adicción era más fuerte, al salir del hospital continuó inyectándose el opioide hasta que la noche del lunes 14 de octubre aceptó que necesitaba ayuda.

“Ya no puedo”: fue la frase que permitió a la mujer de 34 años cerrar un ciclo de abuso de sustancias químicas pero que abrió un periodo de recuperación lento y doloroso, que ha sido llevadero a través de un grupo de Alcohólicos Anónimos.

UNA COMUNIDAD QUE TIENE MUCHAS CARAS

Desde hace cuatro meses Laura asiste a un grupo de Alcohólicos Anónimos ubicado en Mineral de la Reforma, Hidalgo. En el sitio convive con Aurora, Javier, Alán, Carlos, Lucía, Eduardo, Berenice, Genaro, Moy y otras personas que como ella han tenido problemas con el abuso de sustancias.

El local donde se efectúan las reuniones es amplio, blanco, bien iluminado, huele a tabaco con café; una de las paredes tiene por tapiz los principios universales de los Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos (AA), en otra hay un pizarrón con anuncios, horarios y nombres.

Un joven de unos 22 años expone por primera vez los motivos que lo llevaron al grupo Volver a Empezar, es viernes 31 de enero. El resto de los comensales lo observa y escucha desde sillas colocadas en hileras de cinco.

El ambiente es fraterno, relajado, pero también se nota que hay un compromiso genuino de que el muchacho se una a la comunidad en la que la pluralidad es lo común: hay viejos, jóvenes, mujeres y hombres.

De acuerdo con Eduardo, esa última noche de enero se realizó una junta de información, que es como una especie de bienvenida para quien llega buscando ayuda.

La mayoría de las veces llegas al grupo carente de cariño, derrotado, en ese momento todos paran todo y tú te vuelves la persona más importante”, acota.

Este grupo trabaja con un programa de recuperación de las adicciones en 12 pasos y 12 tradiciones; se asignan roles por voluntariado, hay una guía que es llamado “Padrino”, se basa en literatura y la toma de decisiones se efectúa en juntas mensuales, según la información proporcionada por Laura.

Aunque parece pesado, ser un AA no lo es, afirma Alán, quien desde hace tres años permanece sobrio.

Uno piensa que llegando a un grupo te vuelves aburrido, no concibes una vida sin alcohol porque lo asociación con diversión, pero no es así, puedes hacer las mismas cosas sin estar drogado o borracho”.

Moy confirma las palabras de Alán: “Es bien diferente a lo que se cree afuera, cualquier persona se puede integrar, incluso alguien con depresión. Empiezas a ver el cambio, yo pensé que solo era llegar a un grupo y ya, pero no, es mucho más”.

“Pertenecer a un grupo fue ver luz en los ojos de esas personas que yo no tenía”, menciona Aurora, quien lleva un año y tres meses asistiendo metódicamente al sitio en el que encontró hermandad.

Además, cambia vidas como la de Javier, quien asegura que hace tres años llegó siendo un NINI y ahora regresó a la escuela, consiguió un trabajo y vive solo.

La clave es que te das cuenta que no estás solo, te integras y formas parte de algo”, coinciden Carlos y Genaro.

Escuchar a los demás te ayuda a comprender más tus patrones de comportamiento, aquí no hay reglas y experimentas el precepto de libertad de libertades, afirma Berenice.

CONSUMO DE SUSTANCIAS

La última encuesta sobre adicciones publicada por el gobierno federal en 2017 refleja que en Hidalgo 7. 9 por ciento de la población de 12 a 65 años consumió alguna vez una droga ilegal, legal o farmacológica, lo que coloca a la entidad por encima de Chiapas, Guerrero, Morelos, Oaxaca y San Luis Potosí.

El acumulado de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) refiere que hubo un incremento del consumo de drogas en población adulta de Hidalgo, que se encuentra en el rango de 35 a 65 años de edad, al pasar de 3.5 a 4.2 puntos porcentuales.

Mientras que disminuyó el uso de sustancias en sectores de la población joven de 12 a 17 años, de 18 a 34, de 12 a 25 y de 26 a 34 años de edad, al pasar de 13.7 a 11.2 puntos porcentuales, de 14.1 a 11.3 por ciento y de 11.1 a 8.7, respectivamente.

La prevalencia de consumo de sustancias químicas es mayor en hombre que en mujeres, de 12.3 por ciento que corresponde a varones contra 4 puntos porcentuales de féminas.

El instrumento de medición se aplicó en 2 mil 225 casas, en personas de entre 12 a 17 años, y de 18 a 65, con una respuesta positiva promedio de 99 por ciento.

De acuerdo con el diagnóstico, casi la mitad de las personas que recibieron tratamiento contra las adicciones lo hicieron en un anexo, el siguiente grupo mayoritario optó por la desintoxicación, y el tercer grupo con más incidencia lo hizo mediante un tratamiento residencial.

Quienes buscaron ayuda para combatir el abuso de drogas acudieron en primer lugar a un psicólogo, en segundo lugar, a un grupo de autoayuda; en tercero, a un psiquiatra y en cuarto a un consejero espiritual.



emh