Opinión

Secuelas de la pandemia

Después de meses de encierro y de convivencia 24/7 empiezan a notarse circunstancias no tan favorables en el humor y salud mental | Diana Avilés

  • 28/08/2020
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Hace una semana les compartí parte de mi experiencia con el covid-19, dentro de ella, las medidas que tuve que tomar para ponerme y poner a las personas que me rodean, lo más cuidadas y seguras posibles.

No sé si lo habrán notado, que ante la pandemia parece que las personas están más intolerantes, más violentas y esto se puede notar en el transporte público, en las calles cuando se conduce, en la velocidad, en los rostros de la gente, las reacciones ante la mínima "provocación", insultos, gestos desagradables e incluso, golpes.

Otra de las cosas que se puede notar es el aumento de violencia en contra de niñas, niños y mujeres, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, a nivel nacional de enero a junio del presente año se registraron 352 mil 526 incidentes de violencia familiar; para el estado de Hidalgo fueron 2 mil 57, mismos que aumentaron en los meses de marzo y junio.

Otro dato sería el caso de los feminicidios registrados por este Secretariado, 473 casos a nivel nacional y registra un aumento para el mes de junio; lo mismo pasa en el caso de los homicidios contra mujeres, suben durante marzo, disminuyen en abril y en junio vuelven a aumentar.

Depresión, angustia, malestar en general pueden ser algunos de los efectos del confinamiento por la pandemia, si a esto le sumamos las violencias que ya se vivían en los hogares y las desigualdades que intensifican algunos de estos aspectos, imaginemos lo que está sucediendo en casa de niñas, niños, adolescentes y mujeres.

En una consulta realizada por Servicios de Inclusión Integral y Derechos Humanos A.C. (SEIINAC) a infancias y adolescencias, se encontró que del 100 por ciento de participantes en el 17 por ciento de los casos viven con piso de tierra, el 13 por ciento no cuenta con servicio de drenaje, el 83 por ciento refirió ir a algún consultorio particular (farmacias del ahorro, similares, etc.) cuando enferman; al 41 por ciento le han hecho sentir tristeza, al 20 por ciento les han gritado, al 4 por ciento les han obligado a hacer algo que no querían y el 2 por ciento refiere que recibió golpes dentro del hogar.

A nivel personal, no fue tan diferente, después de casi tres meses de encierro y de convivencia 24/7 empezaron a notarse circunstancias no tan favorables en mi humor y en mi salud mental, primero llegó el insomnio, dormía máximo 2 o 3 horas diarias, me sentía irritada y cansada todo el tiempo, mi humor iba en picada mientras avanzaban los días.

Durante ese tiempo pensaba en lo que las demás personas estaban viviendo, al final en casa éramos pocas personas, pero qué pasaba con las familias donde había un número mayor y espacios más limitados, qué pasaba con aquellas parejas que antes se la pasaban trabajando y compartiendo poco, quizás ahora ya ni se conocían, quizás tampoco habían compartido tanto tiempo con sus hijas e hijos y ahora se veían obligadas a hacerlo.

Ante este panorama a nivel nacional y a nivel estatal, es necesarios seguir exigiendo estrategias efectivas que atiendan las violencias dentro y fuera de las casas, acciones que acompañen la parte emocional, fortalecer las acciones del sistema de salud, generar espacios e impulsar la participación de las poblaciones que se ven afectadas, tomando en cuenta las distintas condiciones en las que se encuentran, e informar de las rutas de atención para dar acompañamiento a los casos de violencia.

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