Opinión

El lugar común

Los prejuicios son opiniones preconcebidas que tenemos de las cosas, de las personas o de los sucesos, y nos sirven como un primer acercamiento a un tema

  • 29/03/2022
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Desde hace años intento escribir literatura, y uno de los primeros elementos que me dijeron amigos y personas con quienes “tallereaba” mis textos era que intentara salirme de los lugares comunes. Este elemento se refiere al uso de un tema, o bien, su tratamiento o las frases con que se intenta abordar, se han repetido de manera común y cotidiana, quitándole todo impacto retórico que pudiera tener.

El tema, por el que se me hace interesante plantearlo ahora, es porque con el paso del tiempo, y tras mis estudios en psicología, he ido combinando ideas y conceptos que trascienden de lo literario al trabajo interpersonal y viceversa, esto lo hago teóricamente desde la perspectiva de la terapia narrativa, principalmente, pero sin dejar de lado otro tipo de estudios que generan estos vínculos entre áreas tan distintas del conocimiento como puede ser la literatura y la psicología propiamente dicho; sin embargo, coinciden ambas en la herramienta principal con la cual trabajo, que es, en todo caso, el lenguaje (y en segundo punto la interpretación del símbolo).

Por otro lado, cuando comienzo a trascender los conceptos de una disciplina a otra, he comenzado a hacer lo mismo, sin la rigurosidad científica, pero aplicada en la vida cotidiana, así, me he encontrado con que el lugar común ahora se vuelve la conceptualización cotidiana y masificada de un tema, por decirlo así: el lugar común se vuelven los argumentos que regularmente damos o escuchamos en una charla o discusión, cuando decimos cosas como “es que todos los hombres (o mujeres) son iguales”, “los políticos son unos corruptos”, “las feministas solo destrozan la ciudad”. Todos estos ejemplos (no intento decir si son ciertos o no) son frases que puedo tomar como lugares comunes, o bien, como prejuicios.

Los prejuicios, por otro lado, son opiniones preconcebidas que tenemos de las cosas, de las personas o de los sucesos, y nos sirven como un primer acercamiento al tema y poder tomar decisiones con respecto a aquello que ocurre o está frente a nosotros. Dentro de una concepción biologicista, hablaríamos de que el ser, para sobrevivir y adaptarse, tiene qué tomar ciertas decisiones rápido, mismas a las que no les puede dedicar tiempo para contemplar las diferentes aristas y, con la poca información que tiene, decide actuar.

El problema con los prejuicios es que regularmente ocurren dos cosas alrededor de ellos: la primera es que muchas veces no sabemos que son prejuicios, sino que tomamos como un razonamiento válido teniendo apenas esbozos de información sobre un tema; y en segunda, como no los visualizamos como prejuicios, regularmente no hacemos nada por evitarlos, y de esa manera los perpetuamos.

Para cuestionarnos si estamos ante un prejuicio o no, lo primero que tendríamos qué hacer sobre un tema es cuestionarnos, preguntarnos si lo que decimos y creemos está fundamentado y en qué lo está, ¿hemos leído artículos sobre el tema?, ¿hemos visto documentales, escuchado podcast o buscado información rigurosa sobre aquello? O por el contrario, se centra en nuestra experiencia y lo que hemos escuchado decir a otros.

Es importante mencionar que no estoy menospreciando la experiencia personal o el diálogo con otras personas, solo intento señalar que, si no hemos investigado el tema a profundidad o al menos hasta donde llega nuestro interés, pero de forma rigurosa, la interpretación que tengamos, es probable que nuestras ideas alrededor estén sesgadas por la desinformación, por nuestros prejuicios y aún (tal vez peor), por la de los otros que nos rodean.

Ahora bien, si nos cuestionamos nuestros argumentos y aceptamos que, ante distintos temas, los prejuicios se encuentran presentes, entonces ahora sí podemos acercarnos a información más fidedigna, a discusiones y lecturas más específicas que no nos dirán necesariamente qué creer, pero a través de los cuales podamos hacer nuestra propia lectura de los hechos.

En cierto sentido, podríamos decir que quitarnos los prejuicios es una forma de salir del lugar común del pensamiento, enriquecer con nuevas imágenes y metáforas nuestras vidas, romper la serie de lentes con las que crecemos y que nos ponemos sin darnos cuenta, acercarnos a una tienda de regalos, y comprar unas gafas rojas, verdes, azules, amarillas, negras… del color que nosotros elijamos para ver la realidad con una mayor riqueza de posibilidades porque, al darnos cuenta que vemos la realidad con ciertos filtros, también será más fácil quitárnoslos y cambiarlos, para poder estar en el lugar de otros pero, sobre todo, para dialogar y enriquecer nuestra narrativa de vida.

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