Opinión

No se rompió un vidrio

El poco interés que muestra la clase política, en echar a andar el sistema nacional anticorrupción, sólo demuestra las complicidades entre unos y otros

  • 02/07/2017
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No pasa de terminar los efectos de un escándalo para la presente administración, cuando de repente aparece en la opinión pública uno nuevo, que supere en asombro a propios y extraños.

Así parece en varios temas. Quizás por importancia el más reciente lo constituya el espionaje bajo el hashtag #GobiernoEspía cuando el periódico norteamericano The New York Times publicó un reportaje en el que da a conocer, que varios periodistas y activistas de derechos sociales fueron espiados mediante el uso de un programa llamado Pegasus.

Se supo esta semana que este programa fue adquirido por el ex procurador Jesús Múrillo Karam pero entregado en la administración de su sucesora, Arely Gómez, quien dijo que ese programa fue adquirido y utilizado con toda legalidad. Pero el problema no es la legalidad en su adquisición, sino el destino para el que fue utilizado, de distinta naturaleza a las amenazas que establece la Ley de Seguridad Nacional.

Este problema evidenció la ausencia de una regulación para adquirir y operar programas para espionaje, de tal forma, que cabe la posibilidad que cualquier persona moral con la capacidad económica suficiente, puede comprar uno de estos programas y enterarse de los movimientos de su competencia o de lo que dice o hace el secretario de Economía o el de Hacienda. En México, todo se puede.

No menos importante, pero con impacto en el sistema anticorrupción es el juicio, declaraciones y actitud del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, que se encuentra preso en una cárcel en Guatemala, quien entre sus obligaciones se encuentra, el aseo de una parte del complejo penitenciario. Es en este caso que resalta que Karime Macias, esposa de Duarte, haya podido viajar con toda tranquilidad desde Guatemala a Europa, sin que la autoridad ministerial la haya molestado en lo más mínimo.

Por otra parte y luego de un par de meses de haber estado la opinión pública y con el tiempo suficiente para escapar, el juez de la causa dictó orden de aprehensión en contra del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, quien hace unas semanas fue visto caminando plácidamente y tomando una bebida en un restaurante por las calles de una ciudad fronteriza, sin que la Procuraduría General de la República haya emitido en ese momento, ficha para la Policía Internacional (Interpol) para su detención.

Sin embargo, no sea que usted deba unos cientos, pero sin pasar de unos miles de pesos, porque para el Sistema de Administración Tributaria, es suficiente para que su nombre sea boletinado en buró de crédito, su pasaporte bloqueado y usted pierda la posibilidad de viajar y sus cuentas bancarias congeladas, antes de darse a la fuga por no pagarle a Hacienda, antes de que Hacienda active su inteligencia financiera y desarticule operaciones producto de la corrupción.

El poco o nulo interés que muestra la presente administración y su clase política, en echar a andar el sistema nacional anticorrupción, sólo demuestra las complicidades entre unos y otros, para obtener los mejores contratos o dividendos del presupuesto público.

En el campo de la seguridad las cosas no están mejor. La liberación de Orlando Xolapa Sánchez, luego de que las víctimas del ultraje de la carretera a Puebla en abril pasado, no lo identificaron como uno de sus agresores, evidencía que la Policía Federal y la PGR estaban urgidas en fabricar un culpable, antes de localizar al verdadero responsable, dependencias que señalaron que una denuncia anónima lo había delatado y al ser detenido, presuntamente estaba en su poder un arma y droga.

No solo esto. En mayo de este año el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Gran Bretaña publicó un estudio que presenta a México como el segundo país más violento del mundo, apareciendo con 23,000 homicidios en 2016. Esta afirmación no cayó en gracia del Gobierno Federal, pero según el Instituto, los homicidios registrados en México sólo son superados por Siria, nación en medio de una salvaje guerra civil.

El tema de todos estos problemas es que con los mensajes, narrativas y demás formas de comunicación, pareciera que para la presente administración son problemas administrativos, que se resuelven llamando al ajustador del seguro del coche o adquiriendo y reemplazando el bien dañado, como si un muchacho rompiera un vidrio, cuando en realidad son problemas estructurales provocados en su mayoría por la clase política, ya sea en su comisión o en su falta de punibilidad.

Un asunto no es menor que otro; son de naturaleza distinta pero de intereses compartidos que en el fondo, sólo afectan el estado de derecho y la gobernabilidad en el país.


@racevesj 



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