Opinión

Negro querido

“Las ofensas no residen en las palabras sino en la intención con que se pronuncian” | Omar Pérez Diaz

  • 27/02/2021
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Hace menos de un año, Álex Grijelmo escribió:

“Las ofensas no residen en las palabras sino en la intención con que se pronuncian”.

El columnista del diario español El País reflexionaba sobre el impacto que una palabra hoy es motivo de controversia.

El artículo se tituló: “Decir ‘negro’ no es racismo”… al menos en los países hispanohablantes como el nuestro.

Sin embargo, en naciones como Estados Unidos e Inglaterra donde el racismo fue “legal, organizado y masivo” -cito de nuevo a Grijelmo- quieren borrar cualquier vestigio de esas horrendas prácticas que sus sociedades promovieron por siglos.

En un mundo globalizado, es natural que se imiten patrones.

Noviembre 2020. La Premier League sancionó al charrúa Edison Cavani por responder en Instagram a un aficionado que lo felicitó por un gol con este mensaje: “Gracias negrito”.

En Uruguay protestaron por el desconocimiento inglés hacia su cultura, donde una expresión de este tipo es muestra de afecto; nada qué ver con un insulto. Incluso nació una marca de vino con esa frase en su etiqueta.

Y en México, bueno… ¿quién no tiene entre su grupo de amigos a quien llamemos así?

Conocí a Sergio Cano hace más de treinta años en la secundaria y desde que recuerdo le decimos así: “negro”. Nunca por ofenderle; por el contrario, como signo de cercanía, de amistad, con el hoy ingeniero civil. También en el barrio tuvimos a nuestro “negrito”, el buen Pepe Rodríguez (QEDP), quien era uno más de la palomilla infantil.

Volvamos al principio:

“Las ofensas no residen en las palabras sino en la intención con que se pronuncian”.

La semana pasada, Santos Laguna protestó ante la Liga MX porque, supuestamente, su jugador ecuatoriano Félix Torres fue increpado por el argentino Germán Berterame, del San Luis, diciéndole “negro”, al calor de un pleito en las bancas.

No se comprobó que existió ese grito, en tono de insulto, durante el jaloneó.

Dentro del campo de juego es habitual decirle “negro” a un jugador de color adversario y no es precisamente con el afán de halagarlo. Eso, se terminará por orden de la FIFA, que puso atención desde que fanáticos europeos empezaron a lanzar plátanos al empastado o a imitar sonidos de monos cuando tocaba la pelota un futbolista rival de color. Eso sí es inaceptable.

¿Acaso no es igual de agresivo decirle a un rival “te voy a matar”?

El francés del PSG, Kylian Mbappé se lo dijo a Jordi Alba, del Barcelona, en partido de Champions League. También el delantero del Inter, Romelu Lukaku a Zlatan Ibrahimovic, del Milán, en el mismo torneo.

Esas y muchas expresiones más deberían quedarse en el campo pero sin gente en la grada y micrófonos abiertos, actualmente se escucha todo.

No fue el caso del pleito San Luis-Santos donde Alejandro Irraragori, propietario del Santos Laguna, exigía castigo ante una supuesta expresión racista.

Negras intenciones –esas sí- impulsaban semejante petición pues San Luis pelea con Atlas (que pertenece al mismo grupo del Santos) por no pagar los 120 millones de pesos que equivalen al descenso.

En fin, que el ser “negrito”, como compuso José María Cano en Descanso Dominical, no es más que un color.

REMATE

Antonio Carlos Santos, fantástico jugador brasileño que llegó al América en los 80’s, ni se inmuta cuando le llaman “Negro Santos” porque siempre le dijeron así amigos y rivales. El Pachuca igual tuvo su “Negro” en la temporada 1996-1997. Era el argentino José Luis Villareal, quien brilló en River Plate. Ninguno, nunca, se quejó de racismo.

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