Opinión

Falsos negativos; mi experiencia con covid-19

Días después del riesgo de contagio, cuando ya no tenía síntomas y estaba a punto de terminar el tratamiento, me hice la prueba PCR | Diana Avilés

  • 17/08/2020
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Han pasado ya varios meses desde la aparición de la primera persona con covid-19 en México, miles de personas han resultado infectadas y esto no parece que llegue a su fin en los próximos días. Desde hace un tiempo he sabido de varias personas cercanas que ya han adquirido el virus y de otras tantas, que han fallecido por causa de este.

Pocas personas saben que hace un par de meses estuve en contacto con una persona a la que le diagnosticaron covid-19 y a los pocos días presenté una serie de síntomas, entre ellos dolor muscular, dolor en articulaciones, dolor de cabeza y sentía los ojos cansados; esto me llevó a tener que ver a una médica, la que enseguida me receto medicamentos y aislamiento total, ambas estábamos muy seguras de que tenía el virus en mi cuerpo.

Ante tal situación, busqué la posibilidad de realizarme una prueba, ahí me di cuenta que en las instituciones de salud pública se prioriza a personas que tienen síntomas graves, padezcan alguna enfermedad crónica o tengan alguna situación de salud complicada, es decir, aquellas a las que se les podría complicar y ver afectaciones graves a la salud. Si la persona es joven, no padece alguna enfermedad crónica o los síntomas son leves, sugieren no hacerse la prueba, estar en aislamiento pendiente de nuevos síntomas y monitorean durante algunos días.

Lo anterior me pareció muy prudente y necesario, no creo que haya recurso para hacer la prueba a cada persona que presenta algún síntoma, sobre todo porque muy probablemente saldrá del cuerpo en pocos días y no será necesario más que reposo, buena alimentación y aislamiento para evitar contagiar el virus.

Aproximadamente 15 días después del riesgo de contagio, cuando ya no tenía síntomas y estaba a punto de terminar el tratamiento, me hice la prueba PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) en la que se toma una muestra de secreciones líquidas de la nariz y garganta, misma que además de ser dolorosa, resultó negativa; ante tal respuesta me di a la tarea de investigar un poco, pues yo estaba casi segura que el virus sí había estado en mi cuerpo y encontré lo siguiente: el tipo de prueba que me realicé solamente detecta al virus cuando está activo, las pruebas tienen mayor confiabilidad dependiendo la calidad, el tiempo que haya transcurrido desde el riesgo de la infección, tienen mayor efectividad cuando se realiza entre el quinto y séptimo día, es decir, el resultado puede ser un falso negativo sino se toman en cuenta estos aspectos.

Sin importar que la prueba hubiese salido negativa, tuve que estar tres semanas después del último síntoma en aislamiento, para no contagiar a otras personas, pues, aunque ya no tuviera el virus activo, era probable que esto sucediera; mi mayor preocupación eran mi mamá, mi papá y familia de edad avanzada o que tienen alguna dificultad en su salud.

Por ahora me quedaré hasta aquí, en la próxima columna hablaré de los impactos psicosociales durante esta experiencia, no antes sin llamar a seguir las medidas para evitar la propagación del virus: el uso de cubrebocas, lavado constante de manos, uso de gel antibacterial y distancia pertinente.

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