Opinión

El regreso a clases, urgente necesidad y responsabilidad colectiva

El regreso a clases es necesario y urgente, debido a diversas consecuencias, entre ellas el aumento del 30 por ciento de la violencia contra niñas y niños

  • 26/08/2021
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En los últimos días ha habido un debate entre el regreso a clases para el ciclo escolar 2021-2022 o seguir con el confinamiento derivado por la covid-19. Este debate, que no ha sido muy profundo, seguirá desde familiares, docentes y algunas autoridades, en especial para los estados que decidieron no regresar de manera general el 30 de agosto como lo estableció la Secretaría de Educación Pública federal.

De inicio se dijo que Hidalgo y Michoacán no regresarían a clases, sin embargo, ahora lo harán de manera gradual. Su argumento es que no había las condiciones suficientes ni adecuadas, es aquí donde han surgido algunos cuestionamientos: ¿Es necesario que se abran las escuelas? ¿Cuáles son las condiciones adecuadas para eso? ¿Qué tantos aprendizajes podrían perderse si se continúa con las escuelas cerradas o el trabajo a distancia? ¿Qué riesgos o consecuencias tiene el regreso a clases o quedarse en casa para la salud de niñas, niños y adolescentes o de sus familiares? ¿Se están investigando estas consecuencias para hacerles frente? En este breve escrito no se darán respuestas sino ideas y datos que contribuyan a la reflexión.

Primero aclarar que el regreso a clases, para quien escribe esto, es necesario y urgente, debido a diversas consecuencias como el aumento del 30 por ciento de la violencia contra niñas y niños, que se traduce en el castigo corporal, la desatención, la violencia sexual y psicológica; para ejemplificar, durante 2020, 11 mil niñas y niños ingresaron a hospitales como víctimas de violencia de acuerdo con REDIM. Otro dato es que, de los 2 mil 400 niñas y niños que llegaron a la Red Nacional de Refugios, nueve de cada 10 niños fueron víctimas de violencia física y sicológica y dos de cada 10 sufrieron violencia económica y patrimonial. En el caso de las niñas y adolescentes, previo a la pandemia, una de cada 15 vivía violencia sexual y durante la pandemia dos de cada 10 la vivieron.

Si hablamos del impacto en la salud mental: el miedo, estrés, ansiedad, depresión, entre otros, son síntomas que están presentes en la niñez, principalmente en la adolescencia. Un estudio presentado por la Secretaría de Gobernación de México informó que en 2020 se reportaron mil 159 suicidios, los que ocurrieron en niñas y niños entre 10 y 14 años aumentaron en 37 por ciento y 12 por ciento en adolescentes mujeres entre 15 y 19 años. De acuerdo a ese estudio, este año el fenómeno presentó su máximo histórico con un aumento del 12 por ciento.

Ya no hablemos del aprendizaje, que, si bien en México más de dos terceras partes de las niñas y niños no alcanzaban los aprendizajes mínimos de acuerdo a las pruebas estandarizadas; seguramente la cantidad ha aumentado con el trabajo a distancia y el escaso o nulo acompañamiento por parte de las y los docentes.

A esta necesidad urgente de regresar a las aulas se suma la advertencia de organismos internacionales como UNICEF que ha declarado que de no hacerlo habrá una pérdida generacional de aprendizajes muy importante. Por todo lo anterior, abrir las escuelas y regresar a clases en estos momentos, es una necesidad imperante y una oportunidad única para la garantía de los derechos de las infancias y juventudes.

La segunda condición, son las instalaciones e insumos para garantizar las medidas de sanidad, y en ésta las autoridades locales y federales tienen una gran responsabilidad porque las escuelas necesitan estar limpias, con los baños y las instalaciones funcionando, con los servicios de agua y drenaje, que además cuenten con los insumos como desinfectante para manos, sanitizante, líquidos para la limpieza e incluso el equipamiento, entre otros. Aquí miles de docentes han hecho esfuerzos para tener las escuelas en las mejores condiciones, pero aún faltan miles que no cuentan con lo mínimo para la limpieza, esto debe ser garantizado; por esto la voluntad política, con una ética de transparencia y ejercicio ético del gasto público son necesarias. ¡No hay que sacar ventajas económicas de los momentos de crisis!

Con relación al personal docente se suman varias condiciones más, la primera de ellas es la voluntad para regresar a las aulas, pues si bien, aunque nunca pararon, para las generaciones más jóvenes la modalidad virtual o a distancia fue más cómoda y han visto en esta forma de trabajo, una oportunidad para atender otros aspectos e incluso otros empleos; para las generaciones de docentes que no manejan la tecnología ha sido todo un reto que han logrado sortear, pero, al sumarse la oferta presencial con la virtual, puede ocasionar miedo, sobrecarga de trabajo, renuncias o jubilaciones anticipadas.

Hemos visto que algunos de los argumentos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) para el regreso a clases es la seguridad del personal, en unos casos, y la denostación de la tarea educativa en otros. Mientras ellos discuten, cientos, si no es que miles de docentes, han entendido que la salida a esta pandemia es colectiva, acuden a las escuelas a hacer aseo, aportan insumos para la limpieza y hay mucha emoción por el regreso a las aulas.

A todo esto, las niñas y los niños que emitieron su opinión en la Consulta "Caminito de la Escuela" de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, 7 de cada 10 niñas, niños y adolescentes señalaron que sí quieren regresar a clases presenciales, dos de cada 10 que prefieren seguir estudiando en casa y uno de cada 10 no sabe si quiere regresar o no, verles como sujetos plenos de derecho implica tomar en cuenta estas voces.

Las familias por su parte necesitan realizar su aporte, recuperando la generosidad de antaño, asegurándose de que todas las personas adultas tengan su vacuna, que usen las medidas de protección adecuadas, que acudan a las escuelas a apoyar en los filtros, en jornadas de limpieza y sanitización; para esto las empresas, los negocios, las fábricas donde laboran los familiares necesitan otorgar permisos, flexibilizar horarios, incluso aportar para las mejoras de la escuela. Suena a un sueño, pero son las salidas posibles.

Ante estas iniciativas es necesario que se sume la sociedad con las y los familiares, es una oportunidad de revalorizar a la escuela como un dispositivo que teje relaciones de solidaridad en la localidad, que sea el centro de la organización comunitaria y que posibilite la toma de decisiones democráticas.

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