Opinión

El 8M ¿Y los hombres?

Desde hace miles de años se ha configurado un conjunto de relaciones sociales, políticas, económicas y jurídicas que colocan a hombres en el centro de decisión

  • 09/03/2021
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Ha pasado el Día Internacional de las Mujeres, como cada año, miles y miles salieron a las calles a marchar, a protestar; otras participaron de manera virtual en eventos organizados por autoridades de todos los niveles de gobierno y de diversas dependencias, organizaciones civiles y escuelas. Para muchas otras, es un día como cualquier otro, dónde hay que salir a trabajar para ganar el pan de cada día. Algunas mujeres sólo vieron las noticias amarillistas de pintas de monumentos o escucharon el programa de radio con opiniones muy alejadas de los derechos humanos.

Lamentablemente en las redes sociales, con más fuerza en este día, surgen una serie de comentarios hundidos en la misoginia y en la ignorancia, que critican las luchas de las mujeres, hacen mofa, burla e insulto de sus causas. La mayoría de estos comentarios provienen principalmente de hombres, aunque también los hay de algunas mujeres.

Quiénes se sienten más atacados en estas fechas, son los hombres, pero no aquellos conscientes, aquellos que jamás han mirado de manera distinta a las mujeres. Pero, si hemos avanzado un poco como sociedad, ellos también necesitan hacerse estas preguntas: ¿Qué tendríamos que hacer ante el movimiento feminista? ¿Qué acciones directas o indirectas podemos impulsar, sin que esto sea invadir su lucha? ¿Hasta qué punto, sí podemos hacer una crítica, sin que ésta se vea como un acto de dominación masculina? ¿Cómo se podría ejercer un poder en la relación mutua? Pero lo más importante: ¿Cómo le podemos hacer los hombres para lograr eso que llaman, la deconstrucción? ¿Qué responsabilidad tiene el Estado ante esto?

Sin duda son preguntas a las que un texto y una sola persona no puede dar respuesta; reflexionaré en torno a algunas ideas que encajarían con algunas preguntas desde mi experiencia como defensor de los derechos humanos; también las haré desde mi andar al lado de mujeres que han adoptado el feminismo como postura ideológica y de construcción de sociedades. Y es que del movimiento feminista he aprendido mucho.

Aprendí, que los hombres por el sólo hecho de serlo somos privilegiados, hacemos uso de éste y hasta hay un gozo él, pero en muchas ocasiones no nos permitimos verlo y en otras, hasta desconocemos que lo tenemos. La razón, es que desde hace miles de años se ha ido configurando un conjunto de relaciones sociales, políticas, económicas, jurídicas y de manera general, culturales, que colocan a hombres en el centro de toda decisión, de toda formación, de toda ideología y de toda construcción cultural y económica; relaciones que fueron dando forma a lo que el movimiento feminista define como sistema patriarcal.

He aprendido que hay que estar organizados para construir relaciones igualitarias en dignidad y derechos. Hace aproximadamente 15 años conocí el movimiento feminista en México. En Hidalgo algunas mujeres lo cultivaban, la mayoría de ellas dedicadas a la docencia y al activismo social; pero el movimiento estaba un poco desarticulado. Con el paso de los años y las coyunturas de violencia contra las mujeres lo fueron articulando y la organización se fue intensificando; comenzaron a surgir colectivas, activistas locales, nuevos liderazgos, muchas jóvenes, por cierto.  

Comenzamos a ver cómo el movimiento crecía exponencialmente, hasta el punto de converger en una agenda común: la Interrupción legal del embarazo. Como en todo movimiento social hay intereses, estrategias y agendas de grupos desde el interior e incluso del exterior, que provocan divisionismo y rupturas en distintos momentos; lo interesante es que las más conscientes, divididas siguen organizadas, porque ellas, se han dado cuenta que el enemigo es común y aunque no comulgan con las formas de combatirlo siguen luchando con la estrategia que consideran la adecuada, aunque a veces ésta esté más cercana de quiénes sostienen al enemigo.

En el caso de la mayoría de los hombres, el machismo nos nubla la disposición para organizarnos y reflexionar sobre nuestras violencias, sobre la forma en cómo es posible construir nuevas relaciones de igualdad, en cómo podemos pensarnos distinto, desde otra posición; si hay una diferencia, la queremos resolver dirigiendo ataques frontales o indirectos, pero siempre tendientes a destruir a la otra persona, perpetuando una y otra vez el sistema patriarcal, de no organizarnos para construir igualdad y cuando lo hacemos, es para construir relaciones de superioridad, de control y de dominación.

Es aquí donde también miro una violencia estructural para perpetuar estas relaciones y que el sistema patriarcal siga reproduciéndose; se trata de algunas acciones gubernamentales o políticas públicas que perpetúan la vulnerabilización de las mujeres y las poblaciones empobrecidas; y es que cada vez que se habla de una política pública, se habla de recursos, de dinero para proporcionar bienes o servicios a la población, pero ¿Qué pasaría cuando una problemática es superada? Deja de haber recursos y eso no conviene para personajes que viven del Estado y disponen de esos recursos para sí, basados en la corrupción, impunidad o simplemente como capital político, a ellos nos les conviene que se superen las problemáticas. Por eso aparentan la implementación de estas políticas, pero perpetúan las desigualdades de manera estructural.

Por lo anterior es necesaria una reorientación de políticas públicas que pugnen por la igualdad, que no sólo sean equitativas en el discurso; políticas dónde los hombres seamos parte de esa reflexión de una manera consciente, dónde se dejen las simulaciones para lograr la igualdad, donde haya modificaciones legales, de políticas institucionales que también nos liberen, que haya espacios de capacitación constante para lograr cambios culturales, que haya espacios de encuentro entre hombres, que haya organizaciones de hombres para repensarnos constantemente; que esas políticas ataquen y eduquen a los hombres desde la igualdad de todas y todos, porque es la aspiración y sí, también quiero que haya las políticas de equidad, pero espero que no sean para siempre.

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