Opinión

La última batalla de Billy

Billy Álvarez se caracterizó por su vigor como empresario, incluso llegó a incursionar en la política, como diputado hidalguense | Omar Pérez Díaz

  • 30/05/2020
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El niño Guillermo, hijo mayor del matrimonio Álvarez Cuevas, tenía ocho años de edad cuando su padre, el ingeniero Guillermo Álvarez Macías fue elegido para llevar las riendas de la Cooperativa Cruz Azul.

La vida de Billy, como le decían de cariño, quedó ligada para siempre a esa empresa y también al equipo de futbol que su progenitor también impulsó. Era lógico. Él nació y creció en Jasso, Hidalgo, heredando dos grandes pasiones: el trabajo y el balón.

Una desgracia lo puso frente a su destino: en diciembre de 1976, un infarto terminó con la existencia de don Guillermo Álvarez Macías. Era todavía muy joven pero los cooperativistas no dudaron en darle la estafeta de la Cooperativa y el Club Deportivo, que ya eran líderes en sus respectivos ramos.

Cruz Azul, bajo su mando, se volvió una de las empresas cementeras más importantes del mundo. A su amparo nacieron otras decenas de negocios.

En cuanto a La Máquina Celeste, el orgullo de los cooperativistas y sus aficionados, igual se hizo un club protagonista del futbol mexicano pero solamente logró coronarse una vez, en 1997. Desde entonces, acumula subcampeonatos y decepciones.

Billy se caracterizó por su vigor como empresario, incluso llegó a incursionar en la política, como diputado hidalguense por el distrito de Tula.

En el futbol, pese a los malos resultados, fue persistente casi hasta la obstinación; formó equipos históricos pero nada más uno le dio el título.

En el camino, Álvarez Cuevas sufrió la muerte de su esposa, Rosa Elvira; también de su joven hija, Mónica, hace una década. Le sobreviven los mayores, Rosalyn y Robin.

Quizá el gran defecto de Billy fue no delegar responsabilidades; quiso llevar la batuta en todas las posiciones. Así como mereció elogios, también cargó con las críticas y los líos en todas sus tareas a nivel empresarial, cooperativista y deportivo. Dio la cara arriesgando hasta el físico como hace unos meses, cuando fue increpado groseramente por socios de Cruz Azul, a las puertas de Palacio Nacional.

Hoy enfrenta a la acusación del gobierno federal por lavado de dinero y delincuencia organizada. Ya tiene un amparo para evitar ser detenido.

Frente al desprestigio público, Billy encara la que puede ser su última batalla. No luce en las mejores condiciones.

Hace seis meses, vino a Pachuca. Su ánimo era distinto: tenía enyesado el brazo derecho, caminaba con pesadez, auxiliado por un bastón y el chofer. Tampoco tuvo el aplomo de otras veces ante el micrófono; llegó a perder el hilo de la conversación, divagando en sus palabras.

Tiene 75 años de edad y más problemas que un libro de matemáticas. Todo apunta en una dirección: es el ocaso de una Era en Cruz Azul.

REMATE

La Unidad de Inteligencia Financiera informó que intervino las cuentas personales de Billy Álvarez y su hermano Alfredo, además de su cuñado, Víctor Garcés. Los acusa de lavar dinero. Esto no afectó la nómina de la Cooperativa Cruz Azul ni la del equipo de futbol, aparentemente.