Vivir de la basura, covid-19 los arrojo a pepenar en calles de la ciudad

Vivir de la basura, covid-19 los arrojo a pepenar en calles de la ciudad

Las historias de don Abel, Lucero y don Andrés son la cara de la secuela social que ha dejado la crisis económica derivada de la pandemia

ESTADOS
  • JOSÉ ANTONIO ALCARAZ
  • 30/12/2021
  • 03:46 p.m. hrs
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PACHUCA.- Para sobrevivir, Abel Cabera, adulto mayor de 68 años, vendía dulces y gelatinas en un triciclo en obras, escuelas y fábricas de Pachuca. Sus ganancias variaban: había días muy buenos que le dejaban ingresos de hasta 500 pesos.


Sin embargo, de un momento a otro, esos ingresos mermaron. La pandemia de covid-19 lo frenó. Los primeros seis meses no sabía qué hacer para sacar dinero, sobrevivió gracias a la pensión que le da el gobierno federal; fue entonces que recurrió a la pepena de basura en las calles de la ciudad.

Así como don Abel, cada vez son más las personas, principalmente adultos mayores, que diariamente salen temprano a las calles de Pachuca a recolectar de la basura domiciliara materiales reciclables que puedan vender.

Las historias de don Abel, Lucero y don Andrés son la cara de la secuela social que ha dejado la pandemia y que ha orillado a las familias a reconfigurarse al grado de que “están relegando a sus adultos mayores”.

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Esto debido a la merma económica generalizada por la pérdida de empleos, inflación e incertidumbre laboral, apreció Adrián Galindo Castro, coordinador de la licenciatura en Sociología de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

UN CAMPESINO QUE MIGRÓ A LA CIUDAD

Don Abel llegó a Pachuca hace 30 años, buscaba mejores oportunidades. Salió de su natal San Bartolo Tutotepec, enclavado en la sierra Otomí-Tepehua, donde no tenía más opciones de trabajo, más que el de arar la tierra.

Siempre trabajé en el campo, soy agricultor. Acá en Pachuca he trabajado de todo, aunque, como uno va haciéndose cada vez más viejo y ya no le dan trabajo, fue que puse mi ‘negocito’ de venta de golosinas”, dijo.

A las 5:30 de la mañana sale Don Andrés de su casa, ubicada en la colonia San Cayetano. Un triciclo de carga de la marca “Titán Mercurio” para transportarse y almacenar el material reciclado.

Lo compré hace unos años. Costó como 5 mil pesos y lo utilizaba (antes de la pandemia) para vender dulces, gelatinas, chicarrones, golosinas y cigarros en las construcciones”, comentó el hombre con sombrero de paja y de mirada noble.

Con palos de madera y lonas, improvisó un modesto techo a su triciclo, inicialmente, para cubrir del sol las golosinas que vendía, también afuera de las escuelas, cuando los estudiantes iban.

Con la contingencia sanitaria bajó mucho la venta. Me obligó hacer otras cosas, como soy campesino y aquí en Pachuca no hay mucho campo, me fui (a los tiraderos de basura en las calles) a juntar botellas de PET, cartón, aluminio, fierro para venderlos, ahora que se tarda en pasar el camión de basura”, explicó.

En algunas ocasiones se ha encontrado objetos de valor en la basura, como dos reproductores de DVD en buen estado, una bocina y, recientemente, una grabadora, la cual buscará arreglar.

Se ve que está buena, hasta es de pilas recargables y tiene entrada para reproducir memoras USB. Voy a ver si está buena, la mandaré a que la revisen. Si jala, hasta me la ando quedando”, dijo con entusiasmado.


GANA 200 PESOS AL DÍA

Regularmente, en un día llega a sacar alrededor de 200 pesos por el material reciclado. Ese dinero lo ocupa para los gastos de él y su esposa. Aunque recibe la pensión del gobierno federal, a don Abel no le alcanza, pues tiene que pagar agua, luz, gas y despensa.{

Siempre tengo cuidado para sacar la basura de las bolsas, nunca me he cortado o lastimado. Además, siempre que abro una y la trascurso (sic) -para ver si hay material que reciclar- las vuelvo a cerrar para que los perros no la rieguen en la calle”, concluyó.

PEPENAR PARA ACOMPLETAR EL GASTO


Lucero Sánchez Ramírez, mujer de 29 años de edad, comenzó a salir a pepenar a las calles de Pachuca hace más de un mes, acompañada por sus hijos Raúl, de 7 años, y Ángel, de 9. 

Apenas empecé hace un mes. Lo hago por necesidad. Me traigo a mis hijos pues no hay con quien dejarlos (como suspendieron las clases presenciales). Mi marido no se encuentra conmigo, se fue al otro lado (de migrante a Estados Unidos), por eso tengo que hacer la lucha, no tengo otro trabajo”, comentó la mujer quien usaba un diablo para trepar los materiales reciclables.

Ella renta una casa en la colonia Parque de Poblamiento, en Pachuca. Hace unos años llegó del municipio Huautla, enclavado en la Huasteca hidalguense, pues se ‘juntó’ con su pareja quien anteriormente era minero.

Antes de la pandemia vendía chicharrones preparados y elotes. La cosa se puso dura y las ventas bajaron, pues nadie salía a la calle, todos estaban en sus casas en cuarentena. Aunque mi marido nos manda dinero, a veces no alcanza, pues somos tres acá en Pachuca, por eso fue que salí a buscarle”, comentó.


JUNTA DINERO PARA LOS REGALOS DE SUS HIJOS

La joven mujer, discretamente, comenta que está ahorrando dinero para los regalos que traerán, el próximo 6 de enero, los Reyes Magos a sus hijos. Por eso, diariamente se levanta desde las 6:00 de la mañana para ir a pepenar, pues si va más tarde, ya no encuentra materiales que reciclar.

“He visto que son muchas personas las que van a juntar (a los tiraderos de la basura) a sacar botellas y cartón. Yo junto diario como 3 kilos de botella, también de cartón o latas de refresco, también luego sale fierro que vendo en una recicladora que está por la peni (Cereso de Pachuca)”, indicó.

SUS HIJOS ENCONTRARON UNA LICUADORA

Hace unas semanas, hurgando en la basura, sus hijos encontraron una licuadora en buen estado. Con ese hallazgo, dijo, “se ahorró una lanita” pues el electrodoméstico que tenía ya no servía bien. También, han hallado juguetes.  

A veces llego a sacar 390 pesos en un día. Ese dinero lo voy guardando para la semana y también para la renta, el agua, la luz y el gas; ya con lo que sobre compramos comida”, expresó.

La mujer huasteca dice con entusiasmo que espera que su marido pase con ella los festejos decembrinos.

Ala gente yo le diría que hay que hay que echarle ganas. La cosa está dura, muy complicada por la pandemia, mucha fuerza y ánimo”, dijo la mujer que vive en la colonia Parque de Poblamiento.

DON ANDRÉS, “LENTO, PERO SEGURO”


Con una bolsa negra de basura, sale don Andrés a las 5 de la mañana a buscar botellas de PET que lleva a una recicladora, que está en la calle 20 de Noviembre. Todo lo hace de manera parsimoniosa, pues le cuesta trabajo caminar.

Usa un bastón viejo de aluminio para apoyarse. También, tiene problema de lenguaje, pues casi no se escucha lo que dice, ya no tiene dientes. Tiene 80 años, según sus cálculos.  

Fotografías de José Antonio Alcaraz

Esa mañana, don Andrés había llenado la bolsa con botellas de PET. Sin embargo, le costaba trabajo echar la bolsa en su espalda, cuando lo logró, dijo “lento pero seguro”, mostrando su sonrisa chimuela.

El hombre avanzaba a pasitos sobre la calle Venustiano Carranza, donde una mujer se acercó para darle unas monedas y decirle “mañana pasas a mi casa, ahí te estoy guardando unos cartones”.

SE RECRUDECIÓ POBREZA DE ADULTOS MAYORES

En entrevista, el doctor en sociología Adrián Galindo Castro explicó que la pandemia, socialmente ha pegado no solo a la economía y trabajos. También en sectores “poco visibles” como los adultos mayores, quienes llegan a caer en la pobreza extrema, la cual se recrudece en zonas urbanas.  

“Lo que estamos observando es de que hay varias posibilidades de que las propias familias ‘se están deshaciendo de sus adultos mayores’. Están teniendo problemas económicos, pues han perdido trabajos, y hay presión de manutención, por lo que los adultos están representando una carga para resolver su problema de la sobrevivencia”, dijo de forma cruda el especialista.

A la par, los adultos mayores buscan “no ser una carga” para sus familiares y mostrarse aún activos. Por ello, ven en la pepena de basura una forma para insertarse económicamente y no representar un problema, aunque muchos de ellos, como Don Andrés, físicamente ya no están en condiciones de trabajar. 

MIGRACIÓN Y RUPTURA DE REDES FAMILIARES

Tal como paso en el caso de Lucero, al migrar de una zona rural a una urbana, al no tener cerca sus redes familiares o de amigos, son más proclives a padecer pobreza extrema, pues, al llegar a un lugar nuevo, no cuentan con apoyos.

Adrián Galindo, también tiene trayectoria en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y es investigador en la UAEH, donde ha realizado diversas publicaciones sobre la pobreza en el estado.

“Para nosotros lo que es basura, para ellos es un medio para salir adelante, pues invierten un poco de trabajo seleccionando esa materia prima, la cual adquiere un valor, quizá no mucho, pero si un valor y es lo que tienen a la mano para salir adelante”, indicó.

MALA ALIMENTACIÓN Y EL ‘UNDER CLUB’

El sociólogo dio referencia sobre un estudio realizado en la Ciudad de México, donde encontraron que la gente que viene de provincia a tocar, por ejemplo un instrumento a cambio de una dadiva “realmente la pasan mal”.

“Muchos de ellos no se alimentan correctamente. En sus localidades de origen, muchos de ellos no tienen ni esa oportunidad. Pero en las ciudades ellos ‘llegan al sótano’, en inglés se le llama ‘under club’ (club bajo) que son personas conocidos como ‘los sintecho’ pues no tienen un patrimonio”, dijo.

VULNERABILIDAD ESTÁ ASOCIADA A MALA SALUD

Como en el caso de Don Andrés, la vulnerabilidad trae una mala salud. Debido a su avanzada edad, el adulto mayor quien busca mantenerse activo no se llega a atender medicamente.

La necesidad de supervivencia hace que las personas se desgasten físicamente o no atiendan algunos padecimientos, situación de la vulnerabilidad que los deja en paradójica encrucijada.

Hace 20 años que el investigador llegó a radicar a Pachuca, observó una política “no tolerancia” para las personas que limpian parabrisas o venden dulces en las esquinas de los semáforos.

Se daba en los límites de Pachuca y Mineral de la Reforma. Muchas de esas personas no son ni siquiera de la tercera edad, son jóvenes y a todos de zonas marginadas. Entonces sí se ha notado que hay un incremento de pobres en la ciudad y, en gran medida, es producto de la pandemia y de un fenómeno a largo plazo”.

A fin de conocer su opinión sobre este tema, La Silla Rota Hidalgo buscó por dos semanas a las autoridades de Pachuca a fin de aborda este tema. Sin embargo, hasta el cierre de este trabajo, no se concretó ninguna entrevista.


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