Opinión

Cuando los ídolos mueren

Kobe tenía 41 años de edad. Tres antes se había retirado de las duelas, dejando una estela de éxitos con los Lakers de Los Ángeles; sus logros trascendieron más allá de la cancha | Omar Pérez Díaz

  • 07/02/2020
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Es muy duro enfrentar el fallecimiento de un ser querido.

La psicóloga suizo-estadounidense Elisabeth Klüber-Ross planteó, allá por el año 1969, una teoría para analizar las etapas que se atraviesan en esos momentos de duelo.

El modelo describe cinco fases:

Negación.- A veces, la pérdida llega tan inesperada, rápida e injustamente que cuesta mucho trabajo asimilar.

Ira.- Sentimos frustración y rabia porque no podemos revertir las cosas.

Negociación.- Imaginamos que podemos cambiar lo sucedido preguntándonos ¿qué hubiera pasado si…? ¿y si hubiera hecho…?

Depresión.- La realidad nos lleva a una sensación de vacío y tristeza.

Aceptación.- Se aprende a convivir con el dolor emocional para seguir adelante.

Quizá todo esto nos ayude a comprender el impacto que provoca enterarse que alguien cercano o admirado ha muerto.

Desde 1994, cuando Ayrton Senna se estrelló a más de 200 kilómetros por hora en Monza, Italia, perdiendo la vida en una carrera de Fórmula Uno, el deporte no había sido sacudido por una desgracia como acaba de suceder con el basquetbolista Kobe Bryant.

La mañana del 26 de enero, en la costa oeste de los Estados Unidos, el astro de la NBA subió a un helicóptero acompañado por su hija Gianna y otras siete personas para ir a un entrenamiento. Nunca llegaron. Minutos después la nave se precipitó a tierra. Ninguno sobrevivió.

Kobe tenía 41 años de edad. Tres antes se había retirado de las duelas, dejando una estela de éxitos con los Lakers de Los Ángeles; sus logros trascendieron más allá de la cancha. Fue idolatrado por atletas de otros deportes, por artistas, por políticos y la sociedad en general. Era considerado humilde, solidario, filántropo…

Y sí, su trágico fin era de no creerse.

Hoy, en tiempos de globalización, la noticia resonó en todos los rincones del mundo.

Sucedió igual con Senna, quien era ídolo en Brasil por sus campeonatos y reconocido como el mejor piloto de su época. Sólo tenía 34 años de edad.

Triste. Doloroso. Lamentable. Faltan adjetivos para explicar el sentir ante muertes así.

En Pachuca lo sabemos bien. Hace siete años, Miguel Calero se fue a los 41 años de edad por un mal circulatorio.

En 2001, Pablo Hernán Gómez también sucumbía en un accidente automovilístico al lado de su esposa; tenía 24 años de edad.

Todavía más atrás, en 1973, una estrella en ascenso como Juan Manuel Medina también fallecía en un choque de auto. Tenía 26 años.

En su momento, no dábamos crédito a ninguna de sus prematuras muertes, sensación que sufrió la sociedad hidalguense. La verdad es que nadie está nunca preparado para el final de íconos así. Descansen en Paz.

REMATE

El 12 de agosto de 1982, México lloraba el adiós más inesperado de un deportista: Salvador Sánchez, considerado el mejor boxeador azteca de todos los tiempos por varios especialistas, moría en un accidente a bordo de su Porsche. Era campeón mundial, estaba en la cima de su carrera… y apenas tenía 23 años de edad.